Ashley Johnson-Barr: la niña que cambió la conversación

Fotografía de personas observando una tumba decorada con flores. Otra foto muestra a Ashley Johnson-Barr sosteniendo un recipiente con arándanos recién recogidos.
Izquierda: la tumba de Ashley Johnson-Barr está inundada de púrpura, su color favorito. Derecha: Ashley muestra un cubo de arándanos recién recolectados.

Por Denise Gee Peacock

En una tranquila tarde de septiembre de 2018, Ashley Johnson-Barr, de 10 años, caminó hacia un parque cercano en Kotzebue, Alaska, para encontrarse con una amiga, y nunca regresó a casa.

“Su legado perdurará a través de la educación de los demás”, afirma su padre, Walter “Scotty” Barr. “Mantengan a sus hijos cerca. Hablen con ellos. Hagan lo que puedan para mantenerlos a salvo”.

Kotzebue es una comunidad predominantemente iñupiat de unos 3.200 residentes, situada por encima del Círculo Polar Ártico en la parte noroeste del estado, un lugar accesible solo por aire o por agua. Es una región muy unida donde los vecinos se conocen entre sí, donde los niños juegan libremente bajo la larga luz del verano y donde la idea de que un niño desaparezca parece impensable.

Sin embargo, a las pocas horas de la desaparición de Ashley, esa sensación de seguridad se hizo añicos. Los residentes se desplegaron por la tundra y la costa, y cientos de voluntarios se unieron a la búsqueda.

Ocho días después, Ashley fue hallada muerta en un tramo remoto de la tundra a más de 3 kilómetros del parque donde fue vista por última vez. Había sido agredida sexualmente y estrangulada. “Grité. Lloré. Es un momento que nunca te abandona”, recuerda Barr. “Luego tuve que decírselo a la madre de Ashley, a sus hermanos, a nuestra familia. Esa parte fue insoportable”.

La muerte de Ashley conmocionó a Alaska. Pero hizo algo más: obligó al estado y a la nación a enfrentarse a una dolorosa verdad conocida desde hace tiempo en las comunidades indígenas. Su historia no fue una tragedia aislada. Formaba parte de un patrón sobre el que muchos nativos de Alaska guardaban silencio.

“No más silencio”, dice Barr.

 

Desaparecidos en Alaska: los seminarios web

Únase a nosotros en una impactante serie de seminarios web de dos partes que explora los desafíos de responder a casos de niños secuestrados y desaparecidos en Alaska. Utilizando el trágico caso de Ashley Johnson-Barr como catalizador para el cambio, estas sesiones destacan la necesidad crítica de coordinación comunitaria, formación de las fuerzas del orden y el impacto del programa AMBER Alert en Territorio Indígena (AIIC).

Parte 1: El caso y la respuesta (Grabado)
Descubra los obstáculos de la investigación y la importancia de una acción rápida y coordinada en la Alaska rural. Ya disponible bajo demanda.

Parte 2: Un camino a seguir (Panel en vivo)
Profundice en los cambios sistémicos necesarios con una mesa redonda dirigida por la asociada de AIIC y jueza del Tribunal Tribal Nativo de Alaska, Mary Ferguson. ¡Reserve el 19 de mayo en su calendario y regístrese!

El legado de Ashley en Alaska

  • SB 151 y notificación obligatoria: el caso de Ashley Johnson-Barr aceleró la presión para la inclusión obligatoria de personas desaparecidas en las bases de datos federales (NamUs), garantizando que las líneas jurisdiccionales ya no obstaculicen la búsqueda de los más vulnerables.
  • Especialización en investigación: se han establecido recientemente investigadores dedicados a MMIP y enlaces tribales dentro del Departamento de Seguridad Pública de Alaska. Estas funciones críticas cierran la brecha entre las comunidades rurales y los recursos estatales.
  • Integración de datos: el trabajo continuo para conciliar los registros estatales con las bases de datos gestionadas por la comunidad es un testimonio de que mejores datos conducen a mejores resultados.

 

Una crisis oculta a plena vista

Durante décadas, las comunidades indígenas de Estados Unidos y Canadá han dado la voz de alarma sobre las tasas desproporcionadas a las que las personas nativas —especialmente mujeres y niñas— desaparecen o son asesinadas.

En Alaska, esas disparidades son especialmente crudas. El estado alberga 229 tribus reconocidas federalmente, y los nativos de Alaska representan aproximadamente el 19 % de la población. Sin embargo, representan una proporción desproporcionadamente alta de víctimas de homicidio y casos de personas desaparecidas. (Véase “Cifras clave”, abajo a la izquierda).

Los defensores se refieren a esta epidemia como la crisis de personas indígenas desaparecidas y asesinadas (MMIP). No se define por un solo caso, sino por un patrón preocupante: desapariciones que reciben poca atención mediática, investigaciones ralentizadas por la geografía o la complejidad jurisdiccional, y familias que se quedan buscando respuestas.

El caso de Ashley rompió ese silencio. “Hizo que la gente no se sintiera tan segura aquí como antes”, dice Barr. Su muerte también subrayó el papel del abuso de sustancias, un factor en muchos delitos violentos en Alaska. Barr afirma que el asesino de su hija, Peter Wilson, admitió haber estado en una racha de consumo de alcohol en el momento del ataque. Wilson sería condenado a 99 años de prisión.

Barr habla ahora abiertamente sobre la necesidad de prevención, tratamiento y rendición de cuentas. Trabaja como formador especializado en traumas para la Southcentral Foundation de Kotzebue. También ejerce como asociado en calidad de familiar superviviente para el Centro Nacional de Formación en Justicia Penal (NCJTC) del Fox Valley Technical College. Como parte de ese trabajo, los conocimientos de Barr están dando forma a las capacitaciones organizadas por el Programa de Formación y Asistencia Técnica AMBER Alert (AATTAP) del NCJTC y su iniciativa AMBER Alert en Territorio Indígena (AIIC).

Jurisdicciones, geografía y retrasos

Para entender por qué casos como el de Ashley pueden ser difíciles de investigar, es necesario comprender la propia Alaska, no solo su desalentadora geografía, sino también su panorama legal.

“Alaska es un estado bajo la Ley Pública 280”, explica Mary Ferguson, jueza de un tribunal tribal de la tribu Sitka. La defensora de los MMIP, que comenzó su carrera en las fuerzas del orden, es miembro del pueblo tlingit de Alaska. “Lo que eso significa es que las tribus no tienen jurisdicción penal. Solo podemos ocuparnos de asuntos civiles”.

Esa distinción es crítica y a menudo se malinterpreta. “Cuando alguien desaparece, las familias suelen acudir a la tribu”, dice Ferguson. “Pero legalmente, no podemos intervenir de la manera que la gente cree”. (Véase “ANCSA y PL-280 de un vistazo”, más abajo).

A diferencia de gran parte de los otros 48 estados continentales, Alaska no opera bajo un marco tradicional de “Territorio Indígena”. No hay reservas en el mismo sentido (excepto la Comunidad Indígena Metlakatla), ni fuerzas policiales tribales con amplia autoridad penal, ni flujos de ingresos procedentes de casinos que financien los servicios de seguridad pública.

La Ley de Liquidación de Reclamaciones de los Nativos de Alaska (ANCSA) remodeló fundamentalmente la propiedad de la tierra y la gobernanza en la década de 1970, creando un sistema que sigue afectando a la forma en que se investigan los delitos. “Todo eso influye en lo que ocurre cuando alguien desaparece”, afirma Ferguson.

El resultado es un sistema que puede ser difícil de navegar, no solo para las familias, sino también para los profesionales que trabajan en él.

Para ayudar a otros a mitigar la incertidumbre, Ferguson se ofrece como voluntaria para asistir a las familias que luchan con problemas de MMIP, al tiempo que ejerce como asociada del NCJTC que educa a los profesionales de las fuerzas del orden sobre las complejidades a las que se enfrentan los nativos de Alaska. Para AATTAP-NCJTC, es moderadora de dos seminarios web centrados en el caso de Ashley. (Véase “Desaparecidos en Alaska: los seminarios web”, arriba a la izquierda).

Incluso cuando la jurisdicción está clara, las realidades físicas de Alaska presentan desafíos enormes. El estado abarca más de 1.700.000 kilómetros cuadrados, más del doble del tamaño de Texas.

Dentro de sus entornos extremadamente remotos, muchas comunidades son accesibles solo por avioneta o barco. La cobertura de las fuerzas del orden es escasa y los tiempos de respuesta pueden prolongarse durante horas o días.

“Cuando alguien desaparece en una zona remota de Alaska, sin sistema de carreteras, puede haber una respuesta tardía de las fuerzas del orden asignadas a estas vastas regiones, y los investigadores especializados pueden estar a cientos de kilómetros de distancia”, afirma Tyesha Wood, directora del programa AMBER Alert en Territorio Indígena.

El clima añade otra capa de imprevisibilidad. “Si las condiciones son buenas, se puede tardar tres horas en avión”, dice Wood. “Si el tiempo impide volar, se puede tardar hasta tres días en barco”. Ferguson afirma que estos retrasos se ven agravados por las limitaciones de las infraestructuras.

“Solo hay un laboratorio criminalístico para todo el estado”, explica. “Las pruebas, incluso las digitales como los teléfonos móviles, a veces tienen que enviarse a miles de kilómetros de distancia para su análisis, como ocurrió con el teléfono de Ashley”.

Todo esto lleva tiempo. Y como dice Wood: “En los casos de MMIP, esas primeras horas pueden determinar los resultados”.

El caso de Ashley reflejó esas realidades. Mientras que los equipos de respuesta locales y los voluntarios se movilizaron de inmediato, otros recursos tardaron días en llegar. Barr afirma que el análisis forense del teléfono de Ashley ayudó finalmente a localizarla, pero requirió tiempo y capacidades especializadas que no siempre están disponibles en la Alaska rural. “Esto no es exclusivo del caso de Ashley”, dice Wood. “Es un problema estructural”. Para las familias, esos retrasos pueden resultar insoportables. “Las familias merecen urgencia”, dice Ferguson. “Merecen respuestas”. Pero también subraya la complejidad a la que se enfrentan las fuerzas del orden.

“Quiero que la gente entienda ambas partes”, dice Ferguson. “Estos casos son extremos y complejos. Los recursos son limitados. Las distancias son vastas. El clima constantemente cambiante por sí solo puede detener las búsquedas por completo”.

Incluso cuando las agencias están haciendo todo lo posible, dice Ferguson, puede que las familias que esperan respuestas no lo perciban así.

“A veces la gente hace todo lo que puede y, aun así, no parece suficiente”, dice Ferguson. Esto se debe a que el propio sistema está al límite debido a la escasez de personal. Y esa tensión entre la urgencia y la limitación se encuentra en el corazón de muchos casos de MMIP.

Más allá de la geografía, la complejidad legal puede ralentizar aún más las investigaciones. Dependiendo de dónde ocurra un delito y de quién esté implicado, la autoridad puede recaer en agencias tribales, estatales o federales. Esas distinciones suelen ser invisibles para las familias, pero sus consecuencias no lo son. “Esta fragmentación puede ralentizar las investigaciones y crear confusión”, afirma Wood.

Las lagunas de datos también han ocultado durante mucho tiempo el alcance de la crisis. Durante años, los casos que afectaban a víctimas indígenas se notificaban de forma insuficiente o se rastreaban de manera inconsistente. “Pero sin datos fiables, es difícil asignar recursos o identificar patrones”, afirma Ferguson.

Los defensores afirman que estos desafíos sistémicos se ven agravados por un historial de desconfianza entre las comunidades indígenas y las instituciones. Y cuando los casos reciben una atención limitada por parte de las fuerzas del orden o los medios de comunicación, la desconfianza puede profundizarse.

Una comunidad en duelo y en acción

En Kotzebue, la muerte de Ashley dejó una cicatriz duradera. Su búsqueda había unido a la comunidad. El desenlace trajo consigo un dolor y una determinación colectivos. Se celebraron vigilias. Las familias compartieron historias de sus propios seres queridos desaparecidos, muchas de las cuales no habían sido escuchadas. El nombre de Ashley se convirtió en un punto de encuentro y el 12 de marzo (su cumpleaños) fue designado oficialmente por la legislatura estatal como el Día de Ashley Johnson-Barr.

En toda Alaska, empezaron a surgir conversaciones similares centradas en los MMIP. Lo que antes se decía en voz baja, ahora se decía en voz alta. Su caso ayudó a impulsar cambios, incluyendo la ampliación de los esfuerzos de respuesta rápida para niños desaparecidos y una mayor atención federal a los casos de MMIP. Alaska también estableció un grupo de trabajo centrado en la crisis, con énfasis en mejorar la recopilación de datos, la coordinación y el apoyo a las comunidades rurales. (Véase “El legado de Ashley en Alaska”, más abajo).

Los cambios no resolvieron el problema, pero marcaron un cambio “de la concienciación a la acción”, dice Barr. Una de las características definitorias de la crisis de los MMIP es la invisibilidad. Los nombres de muchas víctimas nunca llegan a conocerse ampliamente. El de Ashley sí. “Los nombres importan”, dice Wood. “Cuando los nombres se desvanecen, también lo hace la urgencia”.

La concienciación, afirma, genera presión, y la presión conduce a los recursos. “Estas historias importan. Sigue desapareciendo gente. Cuando seguimos contando estas historias, ayudamos a que todo el sistema responda”.

La historia de Ashley resonó más allá de Alaska porque desafió las suposiciones sobre quién está en riesgo. Era una niña, no una adulta. Estaba jugando en un parque, no viviendo en la marginación.

Barr trabaja para asegurar que la gente recuerde a Ashley como algo más que una víctima. “Era una niña amable y cariñosa”, dice. “Le encantaba jugar al aire libre, ir a la iglesia, nadar y el baloncesto. Le encantaba recoger bayas, y el púrpura era su color favorito”. (Lea la conmovedora carta en línea de Barr a Ashley con motivo de lo que habría sido su 18.º cumpleaños).

El trabajo que queda por hacer

A pesar del aumento de la concienciación, los factores que impulsan la crisis de los MMIP persisten: el aislamiento geográfico, los recursos limitados, la complejidad jurisdiccional y la desconfianza arraigada.

Los defensores subrayan que la concienciación es solo el principio. “A menudo las familias no saben qué hacer primero”, dice Ferguson. “No saben a quién llamar ni qué pasos dar”.

En algunos casos, afirma, las familias sienten que no está ocurriendo nada en absoluto. “He ayudado a familias a iniciar búsquedas, a conectar a personas con recursos y a presionar a las agencias para que actúen”, explica. “Las familias están desesperadas y merecen a alguien que entienda el sistema”.

Ayudar a las familias a entender cómo abogar por sí mismas puede marcar una diferencia crítica. “Ese conocimiento es importante”, dice Ferguson. “Puede ayudar a atraer atención y recursos cuando más se necesitan”.

La vida de Ashley fue breve, pero su impacto perdura. Su historia atrajo la atención nacional hacia una crisis ignorada. Ayudó a cambiar la forma en que se abordan los casos de personas desaparecidas en Alaska. Y dio voz a familias que llevaban mucho tiempo buscando respuestas.

“Cada persona importa. Cada historia importa”, afirma Alica Wildcatt, asociada de AMBER Alert en Territorio Indígena. “Cada vida merece ser vista”.

Barr está de acuerdo. “La vida de Ashley seguirá teniendo sentido mientras la honremos mediante la acción”, afirma. “Necesitamos una mejor formación, leyes más sólidas y más prevención, no solo concienciación”.

Cifras clave

  • El 84,3% de las mujeres indígenas americanas y nativas de Alaska (AI/AN) han sufrido violencia a lo largo de su vida, mientras que el 56,1% de las mujeres AI/AN han sufrido violencia sexual.
  • A pesar de representar solo el 19% de la población de Alaska, las mujeres nativas representan el 47% de las víctimas de violación y están sobrerrepresentadas en un 250% en los casos de violencia doméstica.
  • Alaska representa una proporción desproporcionada de los 4.200 casos de MMIP sin resolver en todo el país.
  • Los nativos de Alaska constituyen aproximadamente el 40% de las 575 tribus reconocidas federalmente en los Estados Unidos.
Fuentes: Oficina de Asuntos Indígenas (BIA); compilado de múltiples fuentes por Congreso Nacional de Indígenas Americanos (NCAI).

Días importantes

Ilustración de un calendario

El 5 de mayo es el Día Nacional de Concienciación por las Personas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas (#MMIP) / Mujeres y Niñas (#MMIWG) en los Estados Unidos.

El 12 de marzo se reconoce oficialmente como el Día de Ashley Johnson-Barr (“Día de vestir de púrpura”) en Alaska. Celebrado el día del cumpleaños de Ashley, el día tiene como objetivo concienciar sobre la violencia contra los niños y la seguridad comunitaria.

Cronología de la desaparición de Ashley Johnson-Barr

6 de septiembre de 2018:

17:20 El asesino convicto de Ashley Johnson-Barr, Peter Wilson, se marcha en un quad después de que su amiga “JJ” le pidiera que recogiera a su hijo y a otro niño (no a Ashley) en Rainbow Park (ahora el Parque Conmemorativo Ashley Johnson-Barr), a un kilómetro y medio de distancia.

17:30 Ashley es vista con vida por última vez cerca de Rainbow Park; las llamadas de sus padres no obtienen respuesta.

19:20 Tras dos horas, Wilson regresa a casa de la madre de JJ sin los niños, lo que disgusta a JJ.

TARDE EN LA NOCHE JJ encuentra un teléfono sonando en la chaqueta de Wilson, ve el nombre de Ashley en él y llama a la madre de Ashley; Wilson afirma que lo encontró fuera. El padre de Ashley recupera el teléfono.

7 de septiembre:

MADRUGADA Wilson acude al Departamento de Policía de Kotzebue y repite la historia de haber encontrado el teléfono móvil en el centro. Dice que ha oído hablar de una niña desaparecida llamada “Chelsea” o “Kelsie”.

10 de septiembre:

La policía de Kotzebue y los agentes estatales de Alaska piden al FBI que se una a la investigación.

13 de septiembre:

Wilson es interrogado por el FBI. Niega haber usado un quad el 6 de septiembre; haber conocido nunca a Ashley (a pesar de ser parientes que se conocían, según Scotty Barr); y haber visto nunca el nombre de Ashley aparecer en el teléfono móvil mientras sonaba.

14 de septiembre:

MADRUGADA Guiados por los registros de GCI, los investigadores registran una zona a 3 kilómetros al este del centro de Kotzebue.

16:15 El cuerpo de Ashley es hallado en una tundra remota a unos 400 metros de la carretera, oculto por la maleza espesa y una depresión en el terreno.

ANCSA y PL280 de un vistazo

La Ley de Liquidación de Reclamaciones de los Nativos de Alaska (ANCSA) y el estatus PL-280 del estado dejan a las comunidades nativas de Alaska con una autoridad limitada, menos recursos y una gran dependencia de un sistema estatal saturado. Estos desafíos ayudan a explicar por qué los casos de MMIP como el de Ashley Johnson-Barr se enfrentan a dificultades extraordinarias desde el principio.

ANCSA: Tierras sin reservas

La Ley de Liquidación de Reclamaciones de los Nativos de Alaska (ANCSA) se aprobó en 1971 para resolver la propiedad de las tierras en Alaska.

Qué hizo: sustituyó las reservas por corporaciones gestionadas por nativos; transfirió 44 millones de acres y casi 1.000 millones de dólares a esas corporaciones; e hizo que la mayor parte de las tierras de los nativos de Alaska fueran de propiedad corporativa, no tribales ni federales.

Por qué es importante: la mayor parte de Alaska no es “Territorio Indígena”. Las tribus no controlan la tierra como lo hacen las reservas, y carecen del tipo de financiación y autoridad que es común en los otros 48 estados continentales.

Impacto en los casos de MMIP: la ANCSA limita el control tribal sobre las tierras y los recursos, lo que complica la coordinación cuando alguien desaparece y reduce las herramientas de las que disponen las tribus para responder.

PL-280: Por qué la jurisdicción funciona de forma diferente en Alaska

La Ley Pública 280 (PL-280) es una ley federal aprobada en 1953. Alaska se convirtió en un estado obligatorio de la PL-280 en 1958.

Qué significa: el Estado de Alaska tiene la jurisdicción penal principal; las tribus no tienen autoridad penal (los tribunales tribales solo se ocupan de casos civiles); las fuerzas del orden federales desempeñan un papel limitado.

Por qué es importante en los casos de personas desaparecidas: las tribus no pueden dirigir investigaciones penales ni detener a sospechosos (la responsabilidad recae en la policía local o en los agentes estatales de Alaska), y en algunas zonas rurales los equipos de respuesta pueden estar a cientos de kilómetros de distancia.

El impacto: la PL-280 limita la soberanía tribal y la respuesta local, dejando a las familias dependientes de un sistema estatal que a menudo carece de recursos suficientes, especialmente durante las primeras horas críticas tras la desaparición de alguien.

Trabajando por investigaciones de MMIP más justas

Una respuesta eficaz de las fuerzas del orden a la crisis de las personas indígenas desaparecidas y asesinadas (MMIP) requiere ir más allá de los procedimientos estándar hacia una coordinación activa y la creación de confianza.

  • Reconocer la escala: las mujeres y niñas nativas de Alaska se ven afectadas de forma desproporcionada, aunque los hombres y los ancianos también son víctimas. Comprender este contexto sistémico es vital.
  • Convertir la concienciación en acción: la concienciación solo protege a las familias cuando se combina con el respeto cultural, la formación especializada y la colaboración rápida.
  • Responder de inmediato: nunca asuma que una desaparición es voluntaria. En la Alaska rural, la distancia y el clima ya causan retrasos; no los aumente esperando para activar los recursos de búsqueda.
  • Priorizar datos precisos: asegúrese de que los casos se introduzcan rápidamente en el NCIC con la identificación racial y tribal correcta para evitar el problema histórico de la clasificación errónea.
  • Actuar a pesar de la complejidad jurisdiccional: no permita que la confusión sobre la autoridad tribal, estatal o federal detenga una investigación. Inicie la respuesta primero y luego coordínese con agencias como el FBI o los agentes estatales.
  • Generar confianza en la comunidad: el abandono pasado ha creado reticencia a la hora de denunciar. Supere esto colaborando con los líderes tribales y proporcionando a las familias actualizaciones periódicas, incluso cuando no haya información nueva.
  • Colaborar con las familias: trate a las familias como fuentes esenciales de información en lugar de como obstáculos. Evite el lenguaje que culpabiliza a la víctima y tome en serio sus preocupaciones.