Este número se centra en el trágico secuestro y asesinato de Ashlynne Mike, de 11 años, en mayo de 2016, lo que impulsó cambios radicales en la forma en que se gestionan los secuestros de menores en el Territorio Indígena. Su madre, Pamela Foster, comparte su dolor y frustración por la lenta respuesta de las autoridades, atribuyéndola a la burocracia y a la falta de preparación. La tragedia condujo a la aprobación de la Ley de Alerta AMBER en el Territorio Indígena de 2017, que amplía el sistema de alerta en las reservas de nativos americanos al hacer que las tribus puedan optar a subvenciones federales. En la sección “Rostros de la Red de Alerta AMBER”, Stacey Pearson, de Luisiana —agente de la ley de tercera generación y gestora del Centro de Información sobre Menores Desaparecidos y Explotados de Luisiana—, describe cómo su trabajo de investigación de asesinatos sin resolver refuerza su compromiso con la protección de la infancia. Jennifer Viets, de Montana, coordinadora de la Alerta AMBER del estado desde 2012, destaca la importancia de mantener relaciones sólidas con las fuerzas del orden y los socios de la alerta. Una historia de primera línea desde Florida destaca el rescate de una niña de 11 años con antecedentes de abuso sexual, hallada después de que un ciudadano que vio la alerta en televisión la descubriera golpeando el parabrisas de un coche abandonado. A nivel internacional, funcionarios de EE. UU. y México participan en una formación conjunta para mejorar las respuestas ante secuestros transfronterizos, y Lituania acoge una formación sobre la Alerta AMBER para diez naciones europeas. En Ohio, “Awesome Otto”, un perro adiestrado, proporciona apoyo emocional a víctimas de abuso infantil durante las entrevistas forenses y los procedimientos judiciales. El número también cubre un taller comunitario sobre la trata de personas en Dallas, donde los supervivientes comparten sus experiencias.
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